Cuando las palomas y los fans lloran

Por: Efraín Ochoa

Este ha sido  uno de los peores años para los fanáticos de la música. El maldito 2016 no se conformó con llevarse a Bowie y varios más, ahora sorpresivamente se lleva a Prince. En estos momentos aún no se sabe la causa oficial de su muerte; el rumor es que murió en su estudio, una manera perfecta manera para uno de los más talentosos multiinstrumentalistas de la historia.

 Ver a Prince en vivo era una experiencia muy particular. Nunca sabías que iba a tocar. No era como Pearl Jam o The Cure que cambian su setlist en cada show pero sabes que van a tocar varios de sus éxitos. Con su majestad púrpura literalmente no tenías ni idea. En varias ocasiones hizo shows muy pequeños  y solamente tocaba jazz por una hora. En otras ocasiones podía tocar durante 5 horas en una arena.

En 2011 realizó más de veinte conciertos en Los Ángeles en un periodo de dos meses. La mayoría de los shows eran en el Forum (la ex-casa de los Lakers). El escenario era el símbolo de Prince y tenía mesas a su alrededor para que los famosos y fans que pagaran $800 dólares se sintieran en una experiencia más íntima con el artista (En varios casos subía a los famosos que estaban en esas mesas por ejemplo a Cuba Gooding Jr.). Los demás boletos estaban a precios accesibles; para lograr vender más de doscientos mil lugares en dos meses no se podía cobrar demasiado. ¡El primer show que realizó únicamente tuvo siete encores! Uno de ellos debido a que la gente siguió aplaudiendo por media hora y el artista no se pudo negar. En algunos shows no tocaba casi ninguno de sus éxitos, varios fans se fueron sin escuchar Kiss o Purple Rain. La mayoría regresaba a varias fechas para no quedarse con las ganas de escuchar sus rolas favoritas.

 En esa misma gira realizó un par de shows el mismo día en el difunto House of Blues de Sunset Strip. El primero fue en el salón principal para 1,200 personas, el segundo en una parte privada y únicamente accedieron, a ese show, 50 personas. Ambos conciertos fueron muy cortos, de una hora aproximada de duración, y eran claramente para fans ya que prácticamente no tocaba nada comercial de su catálogo. Lo más impactante de esos shows, desde mi punto de vista, fue que a media canción le quita el bajo a su músico y se hechaba un solo de 5 minutos que podría opacar fácilmente a Flea y Les Claypool juntos. Terminando el solo improvisado devuelve el instrumento y dice al micrófono “Solamente quería ver si funcionaba bien el bajo”. Creo que ese acto define muy bien a Prince  un genio que sin ningún problema podía hacer lo que quisiera en el momento que quisiera y de paso, lograr dejar con la boca abierta a todos los que estaban a su alrededor.

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