Entre madrazos, slam y cerveza, así se despidió Black Sabbath de México

Por :Alfredo Villarreal

Son pocas las oportunidades que tenemos de ver a un grupo tan importante como Black Sabbath. Una banda que inventó un género, que son grandes músicos y que prácticamente tiene a toda su alineación original junta.

Si te gusta el metal, Sabbath, es un concierto obligado, son los papás de todos, suenan más pesados y rifan más que cualquier banda del género. Cualquier argumento de que tocan lento, que siguen con lo mismo, que no dan miedo, es inválido. Ellos comenzaron a cantarle Satanás, ellos hicieron que la gente tuviera pesadillas, ellos inspiraron a quien menciones, ellos son los maestros del riff, punto.

La noche se calentó gracias a Rival Sons, grupo de California que demostró por qué los británicos los invitaron, su sonido es totalmente clásico, te hacía pensar en un joven Zeppelin, la gente los recibió con aplausos, pero las ansias de que comenzara la misa negra, eran más.

Fue pasadas las 9:30 cuando comenzaron a zonas las campanas y la lluvia en las bonicas, sabíamos lo que estaba por ocurrir, los acordes de Tony Iommy, lo decía todo, el aquelarre estaba dando inicio y durante cera de dos horas dio una cátedra de por qué es rey del riff.

Ozzy sabe cómo llenar el escenario, no importan sus achaques y la edad, enfrente al micrófono es un maestro de ceremonias en perfecto estado, que sabe cómo meterse a la bolsa a los 60 mil seguidores que lo veían. Su voz pasa la prueba del tiempo, sigue estando ahí, sus gritos están intactos.

Geezer, el más denso de todos, ese bajo es lo que sustenta toda la pesadez de la banda, lo sigue tocando de la forma tradicional, con los dedos, sin plumilla, con una cara de tranquilidad, sin asombro, aunque el sonido que logra sacarle a su instrumento, pocas personas logran hacer.

Sobre el baterista, sí se extraña a Bill Ward, pero lo que hace Tommy Clufetos es brutal, esa forma de pegarle a los tambores es impresionante, y es una muestra más de que Ozzy ha sabe descubrir y explotar a grandes músicos.

Black Sabbath, Fairies Wear Boots, After Forever, Into the Void, Snow Blind, todas comenzaron a sonar, la gente cada vez más prendida, la cerveza volaba por todos lados, el slam no podía faltar, después todo terminó una madriza, al parecer a un señor no le gustó que empujaran a su hijo y se armó la campal, al final se lograron separar y la atención regresó al escenario.

N.I.B., Iron Man, Children of the Grave, no estaban dejando espacio ni para respirar.

Sin embargo todo lo bueno tiene que llegar a un fin y fue con Paranoid, una de las canciones más emblemáticas del metal, con la que se despidieron, y así decir adiós a México… para siempre.

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