Primera visita de The Strokes a México

En el verano de 2001 todas las revistas especializadas en música le apostaban todas sus fichas al grupo neoyorquino, The Strokes. La NME decían que serían el grupo que cambiaría tu vida para siempre.  El grupo empezaba a sonar por todos lados con sus sencillos Hard to Explain y en especial Last Nite. Para la salida de su primera placa Is This it al final del verano de ese año, el grupo ya había tocado en Australia, Europa y América.

Hace quince años todavía no era tan común que una banda visitara nuestro país en su mejor momento y mucho menos cuando acababan de sacar su primer disco. Por suerte OCESA se puso la pilas y decidieron traerlos un sábado 26 de enero. Los boletos para verlos en el ya difunto Salón 21 se acabaron. Los melómanos del DF ya lo teníamos muy bien ubicados gracias a Radioactivo que llevaba prácticamente un año programándolos. Incluso estaciones mas fresonas como Alfa ponían de vez en cuando Last Nite.

El grupo abridor esa noche fue Volovan, que tenían un sencillo bastante pegajoso “Ella es Azul”. La mayoría de las personas que estábamos presentes no les dimos muchas importancia y los tomamos como música de fondo mientras llegábamos y nos tomábamos un par de cervezas.

Finalmente tocó el turno de Julian Casablancas y compañía. Vestidos probablemente con la misma ropa que se pusieron en la mañana y con una actitud poco sociable comenzaron su show con “Meet me in the Bathroom” (una rola desconocida en ese momento pero que sería parte de su segundo disco). De ahí continuaron con el tercer y último sencillo de su disco Someday y el bodegón, que eventualmente se llamaría Salón Vive Cuervo, temblaba con los brincos de los asistentes.

 En esa época The Storkes no tenían prácticamente material así que su repertorio consistía del disco en su totalidad, un par de lados B como “New York City Cops” y rolas que eventualmente saldrían en su siguiente producción “Room on Fire”. Recuerdo que tocaron una versión preliminar  de lo que después conoceríamos como “Between Love and Hate”, sonaba ya muy ensayada y lista para salir a la luz.

La presencia de Julian no ha cambiado mucho desde entonces. Nunca ha sido un frontman tipo Eddie Vedder o Dave Grohl que interactúa mucho con el público. En ese toquín, probablemente impulsado por alguna sustancia química, decidió bajarse del escenario y cantar entre el público. Permaneció entre ellos durante una rola entera. Su chamarra roja era jalada por los fans en un intento de arrebatársela o de menos quedarse con un pedazo, cuando el vocalista vio que los mexicanos somos mas efusivos de lo que esperaba, le hizo un par de señas a la seguridad y en un segundo estaba de vuelta en el escenario.

Después de menos de una hora la banda anuncia , “Esta es nuestra última canción Take it or leave it (Tómenlo o déjenlo)”. Las chelas volaron, la gente grito y en un par de minutos todo había terminado. Muy al estilo de Los Ramones llegaron, tocaron y se fueron. LA gente se quedó obviamente con ganas de más pero sabiendo que había presenciado una concierto histórico y el inicio de algo realmente especial.

Tuvimos que esperar dos años para que la banda volviera pero al Palacio de los Deportes. Nunca más se volverían a presentar en un lugar tan pequeño en nuestro país. Es difícil pensar ahora que tuvimos una oportunidad de verlos en un show tan intimo y en mi opinión su mejor momento.

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