El banco de Little Richard – La patria del rock

Por: Christopher Guevara

Las implicaciones de la expresión ‘Madre patria’ siempre han llamado mi atención. Me parece que en buena medida, la relación que sugiere entre el origen de algo (la figura maternal como representación irremediable del principio), la nación (del latín ‘lugar de nacimiento’), y la pertenencia o adscripción que sugiere (el lugar al que, por tanto, correspondería), es decir, la patria, describe con claridad los pilares más elementales de la identidad. En cierto sentido ‘cuna es destino’.

En la época del Virreinato, los españoles residentes en América llamaban a su país natal de esta forma, como lo hacían los ingleses asentados en las trece colonias (siglo XVI), o los pioneros holandeses en Sudáfrica (siglo XVII), y como prácticamente lo hace cualquier persona avecindada fuera de su lugar de origen.

Así pues, ‘Madre patria’ suele exponer el modo en el que las personas y comunidades se consideran a sí mismas y su estilo de vida, revelan su identidad y filosofía, cómo perciben el mundo (de origen y en el que viven) y el lugar que ocupan en él.

Es el uso del lenguaje el que da cuenta de lo que somos y de la situación en la que nos encontramos y desarrollamos, por lo que el idioma constituye la fuente primaria, formal, del conocimiento, identificación y pertenencia del sujeto… Ordenamos y expresamos nuestro entendimiento gracias a éste.

La nación del mexicano, su situación propia –eso que algunos llaman ‘lo mexicano’, o aquello en lo que consistiría ser mexicano— se encuentra ordenada y expresada por la norma del castellano, y por el uso particular  que hacemos… en una proporción bastante relevante, nuestra identidad y pertenencia se la debemos a la lengua que apropiamos y hablamos.

En este sentido es que entendemos que el México contemporáneo debe a España su entendimiento sobre el mundo, el país ibérico, efectivamente, es nuestra madre patria.

Pero ¿Qué sucede con el rock? Soy de la firme opinión que la identidad y el significado o mensaje general del rock, encuentra su justa dimensión en la lengua que lo parió: su patria (y nación) es el inglés.

La lengua que dio a luz al rock, es la misma que desde principios del siglo XX describió la dura situación que compartían –por desgracia aún lo hacen—, diversas comunidades de la costa este y el sureste de los Estados Unidos (desde Massachusetts hasta Louisiana y Arkansas).

La inmensa diversidad étnica de la sociedad estadounidense, caso excepcional, permite acceder a líneas generales de entendimiento de la realidad social, de forma contraria a lo que sucede en otras latitudes (e idiomas), en las que, por lo general, los estratos sociales y étnicos que sufren el drama de la marginación son bastante homogéneos, casos particulares que de algún modo impiden establecer grandes explicaciones de instrumentación general.

El inglés utilizado en las letras de los géneros ancestros del rock, trató las consecuencias morales y espirituales de la muy democrática miseria estadounidense –esa que a menudo es justificada, redimida pues, como el ‘precio del progreso’ de la sociedad—.

El Gospel con su proyecto vital de la esperanza, la congoja como exploración del espíritu humano que emprendió el Blues, el inmediatismo del Country y su decidido y descarado contacto con las sensaciones e instintos, y el beat y la narrativa que el R&B le añadió a la aflicción del Blues, irremediablemente concibieron al rock, y lo escupieron al mundo de la forma más impertinente, al igual que lo hicieron sus sonidos, la distorsión como consecuencia de la deliberada colisión entre las cuerdas de la guitarra y su alimentación eléctrica, o el desvirgamiento del piano con ejecuciones de pie, a manotazos y berridos.

Así, la circunstancia natal del rock, expresada y reflexionada en inglés, tiene aspectos que son comunes a cualquier drama personal y social sin importar su ubicación espacial o temporal, de allí su enorme aceptación y necesidad… Es una forma de expresión que constituye uno de los principales motivos de fraternidad entre personas y pueblos, y debido a su proceso histórico, el inglés vernáculo del género –todo lo que describe y representa— genera un poderoso sentimiento de identificación y pertenencia que da forma a la patria universal del rock.

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