El banco de Little Richard – Timing, rock y lo que sigue

por: Christopher Guevara

11 octubre 2017

La vehemencia del rock ‘detiene’ la realidad para recordarnos que, como lo explicara Einstein, es relativa, es decir, dependiente de otra cosa, que todo lo que ocurre ‘está bien’ hasta que nos damos cuenta que no del todo, que siempre ha habido un elefante desatendido en la habitación, solamente que ahora ha estornudado y tenemos un desastre.

El rock está llamado a romper con el sortilegio que ha encantado a la realidad con su propio aroma:

‘…there is no future, in England’s dreaming… ’

God Save The Queen, Sex Pistols

Justo en estos aciagos momentos, los mexicanos, al menos los radicados en el centro de la República, contamos con una invaluable oportunidad para hacer una pausa, y reconsiderar las cosas, su curso, sentido y necesidad: ¿De qué forma tenemos que comprender lo que sucedió con el sismo? ¿En qué medida el nivel y tipo de devastación (material y social, pero ante todo humana) fue verdaderamente inevitable? ¿Qué papel hemos jugado y debemos asumir en todo ello (en sus causas y consecuencias… en la reacción frente a la emergencia, y en el proyecto de reconstrucción)?

‘…you in the chair perceptibly sinking, I’m on my knees once again made aware of the world out there… ‘

Now I Know, Cowboy Junkies

Las dos principales características del tiempo son su constancia (es perenne, fluye sin interrupción), y su carácter relativo, pues la percepción de su cadencia o ritmo, depende de la situación en la que se aprecia y se intenta medir.

En una lectura figurada de ambas propiedades, bien podríamos considerar que la primera define al tiempo como un ente despiadado que de la misma forma permite (¿Impone?) tanto el regocijo como el disgusto. La segunda, por paradójico que luzca, revela su naturaleza dependiente: el tiempo permite que las cosas sucedan –solamente permite, no interviene—, y la manera en la que lo hacen, el cómo, lo define.

El fenómeno del tiempo pues, se define y explica por esos dos aspectos, de la misma forma que lo que se encuentra arriba no se explica por completo sino con referencia al abajo, como la luz con la oscuridad, o la relación entre el tiempo y el espacio que vuelve realidad a la materia. En el tiempo mismo, se halla el principio complementario que explica la vida por medio del contraste, el contrapunto.

En este sentido, queda claro que la vida en tanto tiempo, no concede tregua a ninguna de sus criaturas, es inclemente. Al no admitir pausas, nos vemos obligados a arrebatarle instantes, fragmentos mínimos para que, aunque deprisa, podamos dedicarlos a la reflexión.

El surgimiento de oportunidades para la consideración seria –única fuente de logros provechosos y duraderos— por lo general ocurre de forma extraordinaria, pocas veces es producto de la autodeterminación, y casi nunca se da de forma tersa. Así, por lo general, nos vemos obligados a cavilar sobre nuestra situación en la vida empujados de la peor forma por eventos, instantes, completamente indeseables, incluso algunos inimaginables y otros funestos.

A regañadientes, podríamos aceptar el principio que indica que los grandes cambios en las personas y sociedades, comenzando por los conceptuales, ideológicos y morales, son producto de algún tipo de adversidad.

Hoy, nuestra dura circunstancia obliga a escribir en torno a ella, y a pensar en la función de alerta que cumple el rock abofeteando a la realidad –revelando sus contradicciones—, golpeándonos para sacudirnos en el momento justo. Como sentenciaba mi profesora de Historia Política en la universidad, Carmen Sáez Pueyo: La historia es timing, sino se advierten las oportunidades y se aprovechan, no hay manera de tomar parte en ella.

A diferencia de la mayor parte de las expresiones musicales, entregadas al inmediatismo, o de corte individualista, el interés general del rock es la condición humana en lo amplio y hondo de su drama y pompa, así es que uno de sus cometidos esenciales consiste, precisamente, en empujarnos a pensar sobre cuestiones como las anteriores.

De igual forma con canciones de protesta (Ohio de Neil Young, o Sunday Bloody Sunday de U2), o a beneficio (We Are The World producida por Quincy Jones, o la hilarante He Needs a Kidney producida por Jeff Richmond), incluso con recitales para colectar fondos (Live Aid o Live 8 ambos organizados por Bob Geldof, o el anual Global Citizen Festival apoyado por Chris Martin), muchos son casos en los que la vehemencia típica (y necesaria) del rock nos ha permitido plantar cara ante desventuras concretas, sacudiendo nuestras hebras más elementales y llamarnos a la sensatez.

El asalto del rock, fuerza el análisis de la disposición o indisposición de la persona, y le obliga a tomar una posición frente a la realidad… a ajustarse bien los cojones para enfrentar con gallardía el devenir. El rock resulta indispensable para ‘ponernos en nuestro lugar’, y para imaginar y construir utopías que nos brinden esperanza sobre el futuro.

‘…I don’t know a thing about you, soon enough, you’ll be all I ever need… ’

Julia, Jungle

El rock nos provee de los insumos necesarios para asumir una postura de entereza y valor. Especialmente en este trance, nos obliga a asumirlo como actitud vital, y contribuir a sentar las bases para un futuro más luminoso…

Los mexicanos debemos entenderlo de una buena vez, y actuar sin titubeos en el proyecto de reconstrucción que está pendiente desde hace mucho tiempo—el sismo solamente nos hizo entender su urgencia—.

Los golpes de la naturaleza y la irresponsabilidad humana fueron despiadados, la respuesta debe ser proporcional en determinación y severidad.

  1. Existen varias alternativas para apoyar a los afectados por el sismo (y se pueden organizar otras, como la exitosa subasta de memorabilia que organizó nuestro editor): fundaciones, organizaciones no gubernamentales, grupos de la sociedad civil, iglesias, instituciones educativas…

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