Los dioses ocultos en el corazón de México-Tenochtitlan

Por Val RT

Como parte del programa de la quinta edición de la Semana de las Juventudes, el viernes 10 de noviembre se presentó Caifanes en el Zócalo capitalino. La cita era a las 7, y las vallas se abrieron a las 4 aproximadamente, cuando la gente ya comenzaba a acumularse. Llegó la hora y pasaron un vídeo del INJUVE, donde se podían ver imágenes de algunos rescatistas del 19S, para al final hacer una invitación a estar unidos; el concierto no empezó, y se comenzó a escuchar el descontento, seguido por la resignación, esperando alguna señal del comienzo del concierto. Fue hasta las 7:30 que se apagaron las luces y, con ciertos problemas técnicos al principio, se pudo presenciar un vídeo con la canción de “Será por eso”; terminando este, salió el grupo. Fue un concierto que duró poco más de 2 horas, lo suficiente para hacer vibrar a todos los asistentes, y crear recuerdos que permanecerán eternamente.

En 2015 asistí al Palacio de los Deportes para verlos, nada que ver con lo que presencié en el Zócalo. La energía era muy diferente, tal vez por el lugar o porque era su 30 aniversario; también las imágenes en pantalla estuvieron mejor: ya tenían algo definido para las canciones y, cuando el enfoque era de la banda y no un vídeo, todos los miembros aparecían, no sólo Saúl como aquella vez. Musicalmente, fueron más “a tiempo” y cuidaron detalles, como la afinación.

Sabían que era el momento donde podrían llegar a mucha gente, y no lo desaprovecharon. Hablaron acerca de las injusticias, los feminicidios, las desapariciones, la “nueva generación caifan” y de una lucha por los derechos humanos, así como reconocer los trabajos realizados el 19S y pedir más donaciones. Rindieron homenaje a la gente que ayudo en el sismo, a los fallecidos en el mismo, a México, a Juan Gabriel (con “Te lo pido por favor”, cover realizado por el grupo “Jaguares”) y a personajes importantes, pero poco conocidos, que fueron cruciales en ciertos momentos de la banda: Tin Tan (inspiró la canción “Mátenme porque me muero”) y Gilberto Aceves Navarro (artista plástico que creó el primer logo de la banda). Todo esto con la intención de dejarle algo más al público, aparte de la música.

Hubo varios momentos que vale la pena destacar: el primero se dio en “Viento”, donde pasaron el vídeo original a espaldas del grupo, creando un sentimiento de añoranza entre los asistentes que conocieron a la banda en aquella época; el siguiente fue en “Mátenme porque me muero”, donde aparecieron con pelucas que simulaban su cabello en aquella época, cuando salió el maxi, que provocó una rara mezcla de risas y nostalgia; en “Afuera” aparecieron danzantes prehispánicos, causando furor entre los asistentes y una gran escena, con la catedral como fondo a un acto que remite al México prehispánico; destaca, también, el momento en el que Diego Herrera salió con su saxofón, después del encore, a tocar el himno nacional mexicano, siendo este coreado por todos los asistentes y, por último, pero no menos importante, cuando en “Vamos a hacer un silencio” se hizo un silencio, recordando a todos los fallecidos, en especial, los del terremoto.

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Como siempre, se escuchó un “¡Raza, Caifanes está a tus pies!”, seguido por Saúl hincándose ante la multitud. Es esta acción la que define al ritual de Caifanes, y no podía faltar en este, el “ritual de rituales”. Quedó más que claro que este grupo no es pasajero, probablemente sea su acercamiento con los fanáticos, sus arreglos musicales, o el simple hecho de que siguen teniendo la esencia de aquellos chavos humildes que tocaron en Rockotitlán, lo que ha permitido que conserven a sus seguidores, y que éstos sigan creciendo en número. Es una banda que ha permanecido fiel a sus raíces, nunca alejándose de lo mexicano, rasgo que los distingue entre tantas bandas, porque ellos siempre han procurado incluir y mezclarlo con el rock (muy parecido a Café Tacvba, pero no igual).

Muchos han dicho que este ha sido su punto más alto, que no van a poder superarlo, pero no creo que esa sea la intención. Se habla de que llegaron más de 120 mil asistentes, que derribaron una valla para poder verlos; pero no resultan tan importantes como parece. Lo que a ellos les interesa es el público, sus sentimientos, elevar su espíritu y acompañarlos en su vida. Saber que son la banda sonora del día a día de las personas, que es su música a la que acuden en momentos fundamentales, y la compañía de la gente, es lo importante. Saúl demostró su emoción en las últimas canciones, teniendo los ojos llorosos y dejando de cantar, sólo para contemplar el impacto que ha tenido en las personas, al ver y escuchar cómo coreaban sus canciones. Ese sueño que había tenido hace 30 años, cuando tocó por primera vez; el deseo de tocar en un lugar enorme algún día, esa fantasía, al fin se había hecho realidad.

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