El banco de Little Richard (4) – La leyenda y el rock

 

Christopher Guevara

15 octubre 2017

Una leyenda permanece en el tiempo, hace memoria, no debido a su carácter marmoleo, sino con base en la forma en la que sus descendientes entienden y apropian su influencia. Por tanto, así en la vida como en el rock, no todas las figuras son leyenda.

7ab07a_540756

El conocimiento formal sobre el lenguaje comienza con el estudio de los verbos ser y estar o, más bien, el verbo ser-estar, ya que trata los dos aspectos que nos permiten entender el mundo y nuestro proceder, es decir, la conciencia sobre el nosotros y nuestra situación.

Así pues, una mirada atenta sobre los factores que dan sentido a mi personalidad y circunstancia, me permite construir un marco elemental de certezas que, aunque provisionales, me ayudan a actuar de la forma más conveniente.

Para que ello sea posible, considerando que la realidad ocurre de diferentes maneras, la observación debe entenderse como un ejercicio de exploración impulsado por la curiosidad (insatisfacción), pero sobre todo, por la impertinencia.

Ésa es la diferencia entre el explorador y el guerrero, el proceder del primero está orientado por la impertinencia, mientras que al segundo lo mueve el cálculo, la precaución… en este sentido, resulta interesante notar que los grandes avances de la civilización, aquellos con base en los que se clasifican las etapas de la historia, han sido empujados por la insolencia y no por la moderación.

No es que el explorador carezca de atención y reglas (para observar y entender), más bien no reconoce normas de partida o de aplicación general, las va construyendo con base en la necesidad de la circunstancia le plantea… entiende que la no linealidad de la vida exige el permanente ajuste y establecimiento de normas particulares.

Así, con valentía e impertinencia el explorador abre el terreno, lo hace mientras con cálculo el guerrero simplemente lo recorre. Entiende que la libertad es un área de búsqueda (y, desde luego, de exigencia), y que únicamente en ese campo es posible encontrar algo.

Por apatía (en aras de la comodidad) y pusilanimidad (en pos de la seguridad), pocos son los que toman las riendas para avanzar sobre esta línea, y acceder a dimensiones cada vez más desarrolladas y luminosas de la existencia, con ello, se ven impedidas a generar una conciencia lo suficientemente profunda sobre la justa medida de la vida, o sobre la proporción entre el merecimiento y su retribución.

Sobran guerreros, pero carecemos de una cantidad mínima de exploradores… de allí que los escasos constituyen la principal fuente de inspiración de los demás mortales.

Llama la atención que, por lo general, este tipo de personas coincidan en no observar de forma rigurosa o permanente las pautas de comportamiento socialmente ‘deseables’, y que procedan bajo la lógica del desafío, que impongan condiciones.

Insigne, el caso del rock ilustra de la mejor forma el arrojo y la impertinencia que dotan de drama a la vida. Con osadía y descaro, sus figuras legendarias –muy pocas, hay que decirlo sin ruborizarse—, han inaugurado las sendas vitales de la cultura y, sobre todo, del espíritu del rock, y han trascendido las eras instaurando las pautas que exploradores en ciernes habrán de recorrer para continuar con su legado.

¿Qué caracteriza a una leyenda? Me parece que esa autoridad radica en la capacidad para avanzar sobre la noción de uno mismo y la condición, y ampliar la dimensión de ‘lo humano’, para trascender los límites de su ámbito, y extenderse más allá de los bordes de su escena… la lógica de la pauta heredada por Elvis Presley, Little Richard, Link Wray o Chuck Berry que se proyecta hasta la actualidad.

A la luz del tiempo, se tiene en alta estima la capacidad que determinado personaje tuvo para reflexionarse y a su circunstancia, para analizar la complejidad de la vida hilando fino, y proyectar ese entendimiento en su vida y obra.

No cualquiera es Elvis, y trasciende su circunstancia étnica y cultural entendiendo y dominando los modos y formas del rock (figura en la que Sam Phillips, el productor fundador de Sun Records, encontró la armonía negra).

No cualquiera toca en una banda como The Rolling Stones, cuya longevidad y energía (también su celebridad, desde luego) constituyen una de las principales inspiraciones y explicaciones del rock.

No cualquiera toca en Led Zeppelin, banda que gracias al inmenso talento de John Paul Jones y el virtuosismo de Jimmy Page, abrió canales de comunicación con otras expresiones del rock y de la cultura popular.

No cualquiera es Jimi Hendrix, quien puliéndose de la mano de Little Richard, elevó el espíritu del rock mediante la distorsión y el desafío a alturas vertiginosas.

No cualquiera toca en una banda como Queen, cuya obra más sobresaliente, Bohemian Rhapsody, llevó al rock a la cumbre de lo exquisito, integrando sonidos de la clasistamente llamada ‘alta cultura’, obligándola por sometimiento a dialogar.

No cualquiera es Patti Smith, la primera rockera a la que los varones se encontraron obligados a ver y tratar como par, una vez que les plantó la cara con pura actitud (reflejada en letras vestidas con tres acordes… en sus propias palabras).

No cualquiera es David Bowie, quien se movió con soltura por todos los recovecos y niveles de la cultura.

No cualquier toca en una banda como U2, cuyas mayores obras (War y The Joshua Tree) dieron nuevos bríos y sonidos al aliento del punk, y cuya obra más iconoclasta (Achtung Baby) constituye el epítome de la experimentación en el rock contemporáneo.

No cualquiera es Prince, talentoso multiinstrumentalista que mantuvo en perfecto estado de salud la influencia del jazz y el funk en el rock.

No cualquiera es Chuck Berry, y tiene la facilidad para navegar con entera libertad en el blues, el rock y el country (muy probablemente el músico más completo del rock).

No cualquiera es Phil Spector, quien de igual manera delineaba la personalidad sónica de un Beatle, un Ramone o de Leonard Cohen.

Estos y otros exploradores, poseen el estatus de leyenda debido a que han alcanzado una dimensión tal, que ocupan casi todos los recovecos de la condición humana, y han impuesto la exigencia (ineludible) de rendirles pleitesía y continuar con su travesía.

Algunos de ellos, tema de otra colaboración, ya han arrancado su búsqueda.

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s