El banco de Little Richard – El concepto en el rock

Por: Christopher Guevara

Como obra mayor, el rock precisa de un concepto que le provea de una dimensión que vuelva su mensaje indispensable.

Hace unas semanas asistí a uno de los conciertos de Red Hot Chili Peppers en el mal ponderado Palacio de los Deportes, tras dos o tres canciones, desvié mi atención a la producción del espectáculo.

En particular, me interesó el diseño de la iluminación y de las luces del decorado… suspendido en el aire, sobre la audiencia, no sobre el escenario como típicamente se hace, había un alucinante panel de luces móviles que emulaba olas y otras formas que acompañaban armónicamente al montaje del entarimado… me pareció fantástico.

La producción me atrapó a tal grado, que por un lapso me hizo dar la espalda al performance de RHCP, sin embargo, al salir del ‘embrujo’, caí en cuenta que esa experiencia no satisfacía mi intención de ir a apreciar la música con el mayor esplendor posible, y desconocía la razón.

Tras cavilar un poco, creo haber encontrado el motivo: ambas cosas, la gran calidad del concepto de la producción, y el compromiso de la banda con su actuación recorrían caminos separados, no dialogaban, se miraban pero no conversaban, competían, nunca se cruzaron para crear una tercera cosa que proveyera de un sentido único al show y que, por tanto, lo hiciera memorable en una dimensión mayor.

Gran parte de las conversaciones que alcancé a escuchar al término del concierto, versaron sobre la producción o la ejecución de RHCP, pero no sobre los dos asuntos en conjunto.

Sucedió que la forma no coincidió con el fondo, o no la hicieron corresponder. El medio fue ajeno al mensaje.

En la imprescindible década de los sesenta, en 1964 para ser precisos, el primer ‘santo’ institucional de las llamadas Ciencias de la Comunicación (incluso su primera celebridad, ya que trascendió hacia la iconografía de la cultura popular) Marshall McLuhan, talló en piedra uno de los principios más elementales de la comunicación: el medio es el mensaje.

Este planteamiento fundamental explica que el medio, la forma expresiva que cobra el mensaje, es una consecuencia directa de los términos en los que el mensaje se encuentra concebido y estructurado, es decir, en un fenómeno comunicativo ‘redondo’ (que sea considerado como una ‘comunicación íntegra’ –digamos-), la forma corresponde enteramente al fondo… el medio es al mensaje tanto como el mensaje al medio, ambos pues, son aspectos indisociables de la comunicación.

Por esta razón, podemos aceptar la idea de que una comunicación ‘mejor lograda’, es aquella en la que los procesos de la concepción del mensaje y el diseño de su adecuada expresión, se llevan a cabo de manera plenamente consciente y ordenada, con un objetivo claro en términos de ‘lo que se quiere decir’ o comunicar.

Bien saben los chefs que ‘de la vista nace el amor’, tanto vale la presentación del platillo como la forma de prepararlo y la calidad de sus ingredientes para que deje huella en el paladar.

Me parece que, a diferencia de otras bandas, o solistas icónicos del rock, como Pink Floyd o Bowie, los creadores que no se han planteado, a menos no de manera imprescindible, la necesidad de que su música forme parte de una obra de mayor envergadura, que sea acompañada, no decorada, con un concepto mayor que englobe todo, música y show (o música y disco), podrían enfrentar un problema que les impide reclamar un lugar en la gran cultura, y arar el camino hacia la leyenda.

No es que su trabajo carezca de calidad o trascendencia, sino que ésta se encuentra dirigida a echar raíces solamente en su propio terreno, tiene raíces hondas pero no amplias.

Si el rock prescinde de un concepto, entonces su mérito se concentra en la letra y los arreglos musicales, sin duda posee un valor, y uno grande, sin embargo éste difícilmente trasciende su propio ámbito, y de alguna forma se encuentra impedido para hacerse oír en una cantidad relevante de los recovecos menos atendidos de la sociedad y la historia.

Así, la categoría ‘obra mayor’ (The Dark Side of the Moon, no así The Division Bell, Ziggy Stardust no así el temprano David Bowie), una que por lo general cuenta con un mensaje complejo, una base conceptual muy elaborada y aspiraciones de largo alcance, posee una magnitud tal, que permite utilizarla como marco interpretativo de una parte relevante de los principios que dan forma a la odisea humana… en ella, ‘caben’ buena parte de las explicaciones más sustanciales de la existencia.

De esta forma, la obra integral del rock le permite sortear con éxito los límites del espacio y el tiempo, para pavimentar el camino que habrán de recorrer sus descendientes y beneficiarios.

Con gran tino, Frank Underwood, personaje protagónico de House of Cards (en realidad su guionista Jacob Oberfrank) señala que, a diferencia de los sortilegios vulgares de la vida, representados por un edificio moderno pero sin columna vertebral, el poder, para nuestro caso la trascendencia del mensaje del rock expresado como obra mayor, sería: ‘…el viejo edificio de roca que resiste por siglos’.

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