El banco de Little Richard – Los padres ignorados del rock

Por: Christopher Guevara

Cuando revisamos la obra de actores que cuentan con el reconocimiento público debido a sus papeles de soporte, es posible llegar a la conclusión de que la calidad de su trabajo es comparable a la de los actores que interpretan a personajes protagónicos.

La interpretación secundaria, muchas veces infravalorada como ‘de segunda’ o ‘de relleno’, completa la ejecución de una obra y colabora para que su concepción se realice, para que al ser pública, adquiera una dimensión notable.

De esta forma, el personaje ‘comparsa’, peyorativamente calificado como ‘secundario’, que frecuentemente es considerado como ‘de poca importancia’, cumple un rol imprescindible en la forma definitiva que adquiere un contenido, y en la elaboración y expresión de un mensaje, de modo que sin él, sin esa labor imprescindible, la obra en su conjunto se vería impedida para pasar a la posteridad con los méritos suficientes para considerarla ‘destacada’, o incluso vital.

Como es evidente, en el caso del rock, la expresión más vigorosa de la cultura –así, en singular, no como el elitismo pretende hacernos creer, que existen expresiones culturales ‘que valen la pena’ y otras que de ninguna forma—, sucede de la misma forma.

Aunque con una presencia más bien discreta, la labor de estos obreros del rock, que van desde los ‘segundas guitarras’ y los bajistas –particularmente menospreciados—, hasta los músicos ‘de sesión’, permiten al artista desenvolverse con una gran soltura creativa, que salpica de la mejor forma la composición, los arreglos y las ejecuciones en vivo o el proceso de grabación.

En este sentido, como un acto de justicia elemental, es importante reconsiderar el papel de estas figuras desdeñadas del rock, que en una medida no menor, son algunos de sus pilares fundamentales.

El concepto ‘armonía’, que en principio refiere al grado de consistencia de la articulación entre los distintos acordes de una composición musical, también es de utilidad para ilustrar lo esencial que resulta el diálogo que los músicos pueden lograr en su trabajo, y sus consecuencias en la calidad de la obra terminada.

Bien pudiéramos considerar el principio de la armonía de una forma amplia… una que se extiende de los acordes, sonidos y ritmos hasta la complicidad entre los músicos, y que tiene como consecuencia que el acto de escuchar una obra resulte placentero e interesante, que sea apreciable y memorable para la audiencia.

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Así sucede con la longeva colaboración y complicidad entre Bruce Springsteen y su guitarrista Steven Van Zandt, que se hace evidente en cada una de sus presentaciones; o con la aportación que el genio John Paul Jones generosamente ha dado a la sustancia y personalidad musical de Led Zeppelin, podríamos decir que Page, Plant y Bonham son la tarjeta de presentación de la banda, mientras que Jones sin duda es su espíritu; o con la vitalidad con la que parió y condujo el recién finado Malcolm Young al austero pero recio ACDC, quien siempre dirigió los reflectores a su hermano menor, Angus, ya que no buscaba una celebridad mayor; o la colaboración del virtuoso percusionista Steve Gadd con Eric Clapton, Paul McCartney o B.B. King, quien además lidera su propia banda de jazz, o con la deuda que Depeche Mode tiene con Peter Gordeno, quien en una magnitud considerable, es el responsable del sonido en directo que la banda ha tenido por veinte años.

Debido a que el músico ‘adjunto’ cuenta con mayor experiencia en una mayor diversidad de géneros –Gadd ha grabado cientos de discos, Jones ha colaborado con diversas bandas y cantantes, Gordeno forma parte de una banda de productores musicales llamada The Trevor Horn Band…— su trabajo supone ampliar considerablemente la libertad creativa de sus colegas, de tal forma, que el margen de exploración que las bandas y cantantes tienen para mantener vigente su obra, es posible gracias al papel de estos; la riqueza del rol que interpretan en el proceso de creación, permite que el artista principal brille, sucede algo semejante que en el caso de Lionel Messi, sus facultades lo hacen sobresalir debido al apoyo de un equipo compacto que permita una complicidad casi natural… destaca en el Barcelona que sabe bien jugar en conjunto –¡Un deporte de conjunto!—, no así en la selección argentina de futbol negligentemente acostumbrada a la individualidad.

Así que al final del camino –o de inicio— no es difícil aceptar la potestad putativa que estos obreros tienen sobre el rock.

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