El banco de Little Richard – La precoz mayoría de edad del rock

tdquqxqqzcuqyvdalyts

Por Christopher Guevara

En la infame Star Trek Beyond (2016, EUA, Justin Lin), como preámulo a la orden de enfrentar una amenaza superior, el capitán Kirk exclama: ‘Hagamos algo de ruido’, y al compás de Sabotage de Beastie Boys, el Enterprise se cuela en una nube estelar de maldad con un destino incierto.

Aunque de la forma más cursi, la escena resulta significativa debido a que da cuenta del momento en el que un tipo de lo más soso –el personaje James Kirk representa como ninguno otro al ‘güey cualquiera’, al apocado dudosamente encumbrado— decide volverse un ‘hombre’ al intentar adueñarse de la situación en vez de esperar a que ésta lo engulla.

El curso y dimensión de la desgracia suele empujar a las personas a emprender grandes acciones en pos de sobrevivir.

Este proceso de la toma de control sobre la vida, al enfrentar con carácter cada una de sus vicisitudes, es nítidamente representado por la queja y la resistencia características del espíritu del rock, caso contrario al de la mayor parte de las expresiones culturales, muy hechas, acomodadas –¿o resignadas?— a las aparentes certezas, a la búsqueda superficial, anecdótica –no necesariamente vital—, o la búsqueda tímida, calculada.

La impertinente voz del rock da cuenta, sobre todo, de la actitud que se debe asumir ante la amenaza de la imposición si es que se desea sobrevivir…. En este sentido, la angustia de perder la capacidad de autodeterminación, constituye la principal motivación del alma humana.

Desde el principio, la congoja del joven, del espíritu por antonomasia vanguardista, se expresa inconforme con un orden de las cosas que le paree absurdo, y por tanto indeseable.

Desde la primera época del rock, el joven se entiende a sí mismo como alguien alineado y superado por un mundo que no solamente no colaboró en construir, sino en cuya forma y funcionamiento no está de acuerdo, considera que es absurdo e insoportable… frente a ello –primero de manera obligada más que por genuina convicción— manotea sobre la mesa, gesto cuya dimensión dramática intenta ser proporcional a la de la realidad frente a la que exige algún miramiento.

El tipo y profundidad del compromiso que se adquiere en esa decisión de enfrentar a la realidad, están representados por el tono del discurso que asume, y por los medios elegidos para resistir y salir adelante.

En los años sesenta, el profesor Marshall McLuhan explicó de forma impecable, que en términos físicos y simbólicos, las herramientas constituyen extensiones de las capacidades o conceptos humanos, y que su tipo y función son propias de determinadas personas o sociedades.

En este sentido, en el Episodio IV de Star Wars (A New Hope, 1977, EUA, George Lucas), se tratan dos concepciones opuestas sobre la relación que guarda un arma con el soldado… mientras que Han Solo se regodea en sus delirios de grandeza, defendiendo su pistola láser con base en su aparente potencia y efectividad, Obi Wan Kenobi reivindica al sable como el arma típica del hombre civilizado… es decir, mientras que el poder de la primera reside en sus características, el del segundo depende por completo de la pericia y maestría del espadachín…. Hay un mayor involucramiento, un compromiso más complejo en su uso dentro de la batalla… existe pues, una mayor autodeterminación de la persona.

Las dos principales características del arma con la que el rock decidió enfrentar su desafío vital, definen su personalidad y temperamento: la guitarra en su versión eléctrica, y la distorsión como sello acústico.

Así, la guitarra sufrió un doble desfloramiento que le permitió ampliar dramáticamente su perspectiva y campo de búsqueda, pues la pérdida de la inocencia supone la ampliación de la perspectiva que se tiene del mundo.

Por un lado, en términos estructurales, el desarrollo de su versión eléctrica, implicó una franca provocación y rompimiento con el orden establecido.

Al parecer, la guitarra acústica le hablaba a todo el mundo, era utilizada en prácticamente todos los géneros musicales, sin embargo, no todos los públicos estaban invitados. El mundo clásico de la música, representado por el instrumento de cuerda más representativo, era excluyente, llevaba demasiado tiempo embebido en sí mismo, así que era urgente, imprescindible, darle un pellizco artero y reconducirlo a horizontes mucho más amplios… e incómodos, desde luego.

Aunque la tecnología para amplificar eléctricamente el sonido de instrumentos de cuerdas existe desde la primera década del siglo XX, se aplicó a la guitarra veinte años después, hecho que la obligó a ampliar su registro, su perspectiva, y adquirir su carácter absoluto.

Sin embargo, a pesar de esta tecnificación, su ejecución seguía los mismos sonidos –aunque el rock había nacido decidido, aún le faltaba temperamento—, hasta que en el último tramo de los 50, como lo hiciera Little Richard en su momento con el piano, otro marginal, esta vez Link Wray, un nativo americano, llevó el sonido de la guitarra eléctrica a la franca herejía cuando conscientemente utilizó la distorsión con fines expresivos.

Wray –the master blaster of rock’n’roll, según The Guardian—extendió el sentido del alarido del rock hacia los terrenos de la mayoría de edad, lo llevó a su plena capacidad de la autodeterminación… en tan solo dos años el rock adquirió su personalidad definitiva, así, lo vertiginoso del proceso respondió a la situación de ahogo en la que se encontraba la juventud, y de la que le apremiaba escapar.

La ejecución premeditadamente desmedida, disonante con el orden corriente, era la única forma en la que la guitarra se podría hacer oír en la amplitud del mundo, y acompañar el legítimo reclamo del joven.

La música se electrificó, y su ejecución que desatendía todas las formalidades, consolidó su carácter: el rock que Richard había parido unos años antes, cobró dimensión social definitiva… desde entontes, no solamente llama la atención, sino que es una expresión cultural cuya determinación exige la mayor atención y cautela posibles.

De esta forma, el rock se encontró a sí mismo, adquirió su espíritu y temple gracias al abandono de las formas, y comenzó su permanente aventura.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s