Entrega Pixies su alma a 100 mil mexicanos en el Zócalo

Por: Gustavo de la Rosa

Fotos: Sara Cantera y Efraín Ochoa

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El corazón de la Gran Tenochtitlán recibió en sacrificio a la banda de Boston, que el sábado merecidamente se ganó un lugar en la historia del legendario centro ceremonial.

Conquistar con el alma el imponente escenario del Zócalo de la ciudad de México, su grandeza, su historia, su energía y su gente, sólo está destinada para los dioses. Los mortales que se atrevan a llevar su canto al corazón de la Gran Tenochtitlan,  tienen que ser verdaderos guerreros: Paul McCartney, Roger Waters, Carlos Santana y la noche del sábado los Pixies pueden presumir que se encuentran en esa privilegiada lista.

La noche del sábado, aún se podía respiraba el olor a incienso de las ceremonias que realizan algunos danzantes afuera del templo mayor, se sentía la frescura de la noche y la imponente bandera mexicana con el águila devorando la serpiente en el corazón del Zócalo,  fue el punto de reunión para 100 mil almas.

El festival de la “Semana de las juventudes 2018” tuvo como sacrificio a la banda de Boston formada en 1986,  lo que parecía una noche tranquila, se convirtió en un verdadero manicomio que  hizo vibrar hasta los cimientos del propio palacio nacional y la Catedral de la capital del país que fueron testigos de una noche de locura.

A las 9.30 pm la bandera ondeaba en todo su esplendor mientras algunos millenials abandonaban la plaza del Zócalo después de ver la actuación de DLD, lo que seguía no era apto para niños y regresaron a casa a dormir temprano.

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Mientras en las bocinas se escuchaba un poco de Música de Caifanes al tiempo que se hacían los preparativos en el escenario para recibir a los autores de Velouria.

Algunos de los asistentes esperaban ansiosos al amigo que siempre llega tarde, surgían algunos vendedores de cerveza clandestinos, las parejas se empezaban a acercar cada vez más por el frío y la magia de la noche o bien por algunos efectos ya evidentes de exceso de alcohol introducido al lugar de manera clandestina.

A las 10:00 pm, inició la ceremonia,  los Pixies entraron al escenario portando máscaras de la tradicional lucha libre mexicana,  el bajo de Paz Lenchatin (que sustituye dignamente a la bajista original Kim Deal) dio las primeras notas de “Gounge Away”, sencillo del disco Doolittle de 1989 y luego de ello, la voz de Black Francis, dieron inicio a una explosión de emociones por parte de los asistentes.

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El Zócalo es un lugar con una atmosfera especial, los asistentes que habían quedado en su mayoría eran los jóvenes de 35 a 45 años, pero que se niegan a quedar en silencio, que despertaron su alma más rebelde y volvieron a cantar, a brincar y hacer pequeñas bolitas de slam.

Los originarios de Boston sabían que para tener un lugar reservado entre los grandes debían sacar lo mejor de ellos y fue así como se escuchó “Debaser”,  “Hey”, “Monkey Gone to Heaven”, “Here Comes Your Man”, “Gigantic” “Vamos (sufer rosa)”, en un recorrido que recuerda porqué fueron gran influencia para toda una generación.

En 1988 los Pixies lanzaron su disco “Surfer Rosa” que los catapultó a la fama, un sonido fresco, pero al mismo tiempo obscuro , psicodélico y lleno de energía fue lo que caracterizó en su momento  a los originarios de Boston y que causó una gran influencia para bandas como bandas como Nirvana, Stone Temple Pilots, Placebo, Radiohead, Green Day, entre otros.

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Ese mismo año, la Ciudad de México (CDMX) se encontraba en pañales en cuento a la industria de conciertos masivos, el español Miguel Ríos logró en 1988 reunir a 20 mil seguidores en la plaza de toros, pero en ese entonces la plancha del Zócalo de la capital del país lo único que recibía eran las marchas contra las protestas de aquella cerrada votación presidencial entre Carlos Salinas y Cuauhtémoc Cárdenas.

Por ello, esa generación que revivió sus años de adolescentes rebeldes volvió a resurgir con la magia que sólo la música puede provocar que combinada con la energía del Zócalo pudo ser posible.

Y siguió el embrujo,  los Pixies ya habían logrado conquistar al público y ahora faltaba el permiso de los dioses de la gran Tenochtitlán, por ello siguieron con canciones como “No 13 Baby” “Tame”, “Head On” (un cover de Jesus and Mary Chain) e “Isla de Encanta”  por lo que 100 mil almas, que parecían más, mucho más cantaban “Me voy, me voy… donde no hay sufrimiento”

La plaza fue un verdadero manicomio, los “Chavo rucos” volvieron a bailar como hace 20 o 30 años, con esa furia, con esa alegría y energía.

Esa fue la generación que vio el surgimiento, la separación y un nuevo reencuentro de los Pixies, los que tuvieron que soportar aquel fraude que venían los Pixies con Peter Murphy en 1990 y que un empresario desapareció con el dinero de los boletos, fue también la generación que vio caer el muro de Berlín, la llegada del internet, la sufrió la crisis del error de diciembre, la burbuja punto com, la caída de las torres gemelas y que hoy ve como el mundo que construyeron los empieza a segregar, pero que sigue en pie, en pie de lucha.

La noche no pude cerrar de otra manera mejor que con Where is my Mind?… un cantico que hizo explotar las 100 mil almas y que sólo en la película “El Club de la pelea” fue como esa generación pudo colapsar el salvaje orden corporativo global, fue ahí como los propios dioses del centro ceremonial más importante para los mexicanos, les dieron el indulto a los de Boston.

Al final, Black Francis, Paz Lenchatin Joey Santiago, David Lovering, se fueron agradecidos con el aplauso, la entrega y la noche inolvidable  para 100 mil asistentes,  este lunes y martes tendrán otras tocadas en el teatro metropolitan, pero la noche del sábado los de Boston escribieron con honor su  nombre en la historia del Zócalo de la ciudad de México.

Al final, el reencuentro de viejos amigos, amores y desamores, los miembros de la  generación “X” volvieron a coincidir, las cicatrices del tiempo en sus rostros, sus canas no son tan grandes como sus sonrisas que provocó el Rock & Roll, con una plaza llena de basura , botellas de cerveza vacía, pero un saldo blanco y miles de personas corriendo no por el futuro que les espera, por alcanzar el último vagón del metro para regresar a casa después de un sueño en el corazón de la Gran Tenochtitlán.

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