El banco de Little Richard – El valor de la tragedia en el rock I

Por: Christopher Guevara

En días recientes, han tenido lugar el lamentable suicidio de Keith Flint, vocalista y espíritu de The Prodigy, y las muertes del líder de Talk Talk, Mark Hollis y del padre del surf, Dick Dale y, aunque doloroso en más de un sentido, el deceso de una figura del rock es una oportunidad para la reflexión.

Particularmente interesante y provechoso es hacerlo sobre dos fenómenos fundamentales: la integridad de la obra general del rock y su permanencia, si en realidad esas y otras ausencias constituyen ‘huecos’ en la obra general del rock ¿En qué sentido se trata de una tragedia, y en cuál no?, y sobre sus motivaciones fundamentales, la relación del rock con el drama de la vida ¿Qué tanto se entienden (y necesitan) el rock y el severo curso de la existencia?.

Considerando que la forma en la que el rock vio la luz, más con base en sonidos, berridos y descontento que bajo la formalidad que podría otorgar la etiqueta de un género, y su proceso de institucionalización, caracterizado fundamentalmente por el permanente diálogo entre géneros musicales, acordes y sonidos, temas e intereses, ámbitos y personalidades, podemos notar que, desde el inicio, sus aspiraciones, aunque no del todo claras, sí fueron amplias.

Más allá de representar un obstáculo, la imposibilidad de determinar con plena certeza qué ampara el membrete ‘rock’ y qué queda fuera, esta indeterminación le permite extenderse a lo largo y ancho de la cultura, debido a la concurrencia de diversas expresiones que en conjunto, le dan forma a su obra general.

Debido a su característico arrojo, o estupidez típica del espíritu juvenil, el rock constantemente recorre y abre caminos de experimentación creativa y búsqueda estética que le permiten mantenerse en buena condición, no se conforma persiguiéndose la cola creyendo que avanza. Esta es la razón por la que el rock se mantiene constantemente actualizado y, por tanto, vigente, lo que hace pensar que su tan anunciada muerte sea poco probable, por cierto.

La figura y trabajo de Flint, Hollis y Dale parece confirmarlo.

En buena medida la aportación de The Prodigy al rock fue responsabilidad de su vocalista, no fue sino hasta que el rasposo color de la voz de Keith Flint y su ‘mugroso’ estilo la acercó al espíritu del punk, completando el estruendoso sonido del Big Beat de la banda, se convirtió en su columna vertebral.

Su ausencia no hará sino empujar a The Chemical Brothers a intentar quedarse con ese lugar, y a las bandas nuevas a superarla, a continuar por esa senda.

De forma semejante, el papel que Mark Hollis desempeñó al frente de Talk Talk, convirtió a la banda en la más propositiva del movimiento cultural del new wave de los ochenta, al alejar su sonido del pop típico –aunque conservando sus letras e intereses discursivos-, factores clave para el éxito comercial de la escena. Ya sin el grupo, a finales de los noventa explora otros caminos creativos, incluyendo al jazz, ejerciendo la libertad que le permitía recorrerlos en solitario.

El deceso de Hollis exige revisar y revalorar la producción y escena del new wave, para proyectar nuevos sentidos de su eje creativo, y apreciar en perspectiva el trabajo de sus posibles herederos.

Entre los méritos del rock, los de Dick Dale son mayores, en la compañía de The Del-Tones propuso los acordes canónicos del surf, con ello, muy a pesar de que acompañaban letras inclusive bobas, logró ahondar en el espíritu del rock con acordes profundos y la incorporación de instrumentos de aliento, que enriquecieron notablemente su sonido.

Dotó al reclamo de Little Richard y a la distorsión de Link Wray, de un volumen estridente que le permitió escucharse en esferas cada vez más amplias. De allí que los fabricantes de instrumentos y amplificadores se vieron orillados a desarrollar equipos con una potencia mayor.

Hay que tener en cuenta, que Dale es uno de los padres fundadores del rock, no solamente del surf, ya que fue uno de sus primeros visionarios, trabajó durante el primer lustro de la historia del género.

Con su partida, en un mundo en el que el hibridismo radical amenaza con extraviar los cimientos del rock –¡Rock 101 defiende la producción y transmisión de reggaeton!- el rock se ve obligado a reivindicar urgentemente sus pilares.

Mediante un aparente dilema, es decir, de forma paradójica, una de las contribuciones de la muerte al rock es el soplo vital que representa… Sin la angustia causada por la conciencia sobre la finitud, de cuando en cuando refrescada por el fallecimiento de una figura, no contaríamos con motivo alguno para esforzarnos y acelerar y profundizar la eterna búsqueda del rock.

(primera de dos partes)

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